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Consumir drogas no tiene el mismo significado para hombres y mujeres, ni es valorado del mismo modo por los demás.

La mujer drogadicta o las mujeres adictas a las drogas, soportan un mayor grado de exclusión social que los hombres, traducido en la presencia de un menor apoyo familiar o social.

A diferencia de lo que les sucede a muchos hombres con problemas de adicción, a los que su pareja, familiares y amigos les ofrecen apoyo y colaboración para tratar de superarlo. Las mujeres con consumos problemáticos de drogas suelen ser tachadas como fracasadas a nivel personal, considerándolas malas madres e incapaces de realizar el papel que les corresponde en la sociedad.

Además, las consecuencias de ser mujer y drogadicta, suelen ser desvalorización personal, tensiones y conflictos familiares, destacando la violencia familiar. Así como, el rechazo o abandono de sus parejas que suelen delegar el cuidado de los hijos en otros familiares en lugar de permanecer a su lado y participar en el proceso de rehabilitación.

Consumo de drogas en mujeres

​​El uso y abuso de drogas afecta de forma diferente a hombres y mujeres. No obstante, el consumo de drogas tiene una serie de efectos o consecuencias sobre la salud, comunes para hombres y mujeres, entre los que cabe mencionar:

  • Dependencia
  • Tolerancia: se necesitan mayores dosis para obtener los mismos efectos.
  • Síndrome de abstinencia: aparece cuando se suspende el consumo, caracterizado por la presencia de diferentes síntomas desagradables que varían según las sustancias: ansiedad, irritabilidad, dificultades para dormir, alucinaciones visuales o auditivas en los casos de alcoholismo, etc.

El consumo de alcohol y otras drogas en mujeres provoca:

  • Deterioro de las relaciones familiares y de pareja: discusiones con los padres o la pareja, separaciones, divorcios, etc.
  • La partición de episodios de violencia doméstica. Existe una elevadísima probabilidad de sufrir malos tratos físicos o psicológicos a manos de su pareja. La mujer drogadicta dispone de menos recursos o de mayores dificultades para acceder a ellos, en especial cuando tienen hijos menores.
  • Problemas económicos, derivados de las grandes sumas de dinero dedicadas a financiar el consumo.
  • Aislamiento social de los consumidores y su familia, ruptura de relaciones con amigos, rechazo social, etc.
  • Mayor probabilidad de tener historia de abuso físico o sexual. Además, las mujeres sufren el efecto de las drogas en su actividad reproductora.
  • Trastornos psiquiátricos por consumo de drogas. La depresión, la ansiedad y el estrés aparecen con frecuencia como desencadenantes del consumo de drogas.
  • Mayor probabilidad de tener intentos de suicidios.

Género y drogas

El cliché de ser considerada una mujer drogadicta, impacta en la vida sexual de ellas de una manera más drástica.
Está bastante extendido el mito de que el consumo de alcohol u otras drogas facilita las relaciones sexuales y potencia el placer sexual. Sin embargo, los estudios científicos confirman que su uso o abuso produce un rápido e intenso deterioro de la actividad sexual. Un claro ejemplo es la disminución del deseo sexual, muy común entre las mujeres que abusan de opiáceos como tranquilizantes.

El abuso de drogas impide que las personas, en especial las mujeres, decidan libremente sobre su vida sexual, forzándolas en ocasiones a la prostitución.

También, resulta frecuente entre las mujeres que abusan de cocaína, observar cómo acceden a mantener relaciones sexuales con sujetos que las invitan a una dosis. Se trata de un tipo de violencia de género, basada en el intercambio de favores sexuales por drogas, es decir, una forma sutil de prostitución que remarca las desigualdades de género que siguen existiendo.

Violencia de género y alcoholismo

Al igual que todas las consecuencias que hemos explicado anteriormente, la violencia de género es el problema más grave entre las mujeres drogadictas.

La violencia de género incluye maltrato físico, psicológico (intimidar, humillar), relaciones sexuales forzadas o un comportamiento controlador (aislar a una persona de su círculo, prohibiciones o vigilar).

El origen de los episodios de violencia de género atribuyen un papel destacado al consumo de alcohol u otras drogas por parte de los agresores. El alcohol incita conductas violentas y disminuye la capacidad de juicio y la percepción del riesgo asociado a ciertas conductas violentas.

Los estudios aseguran que consumir alcohol incrementa notablemente la posibilidad de convertirse en agresor o víctima. Destacan, muchos episodios de violencia de género, donde tanto agresor como víctima habían bebido antes de la agresión.

  • Entre los bebedores abusivos el porcentaje de maltratadores es casi 10 veces superior al registrado entre los no bebedores.
  • Cuanto mayor es el nivel de alcohol ingerido por los maltratadores, más frecuentes son las agresiones y más graves sus consecuencias.
  • Ser víctima de la violencia de género puede ser el desencadenante del abuso de alcohol u otras drogas como método de afrontamiento.
mujer drogadicta

 

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Ser considerada una mujer drogadicta en la sociedad actual, es un problema que no está únicamente relacionado con el consumo de drogas, sino que normalmente lo acompañan una baja autoestima, agresiones sexuales y violencia de género.

Cúvel Adicciones, cuenta con psicólogos especialistas en adicciones y terapeutas que podrán guiarte para recuperar tu vida, empezando por tu salud emocional y física. ¡Desintoxícate!

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