Centro de desintoxicación en Málaga

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Antes de ingresar en un centro para hacer mi tratamiento, recuerdo que pensaba que lo sabía toooooodo sobre las drogas, como casi todos los que entrábamos. Sin embargo, desde el minuto uno después de ingresar, empecé a oír un número infinito de historias que me rompieron todos los esquemas y empecé a ver la realidad del asunto.


Las historias que más me sorprendían eran las relacionadas con el consumo de alcohol, yo no pensaba dejar el alcohol, yo pensaba que las drogas eran todas las demás pero el alcohol no (ese pensamiento es bastante común entre los pacientes de un centro de adicciones, de hecho, una de las cosas que más cuesta a lo largo del tratamiento es metalizase de que el alcohol también es una droga y de que para recuperarse, hay que dejarla).

Pues bien, las historias relacionadas con los síndromes de abstinencia del alcohol eran impactantes. Yo no sabía que este síndrome era mortal en un elevado número de casos. Recuerdo la historia de una persona a la que habían encerrado en un cuarto para que no bebiese ¡¡¡¡gran error!!!!! y que salvó su vida porque se bebió una botella de chanel que había por allí, si no lo hubiese hecho podía haber muerto… Recuerdo otra que había sufrido un delirium tremens y que se cortaba los brazos para sacarse unos bichos imaginarios que le corrían por las venas… Otra en la que la persona tenía que comer con los brazos atados pues los temblores le impedían llevarse la cuchara a la boca con éxito…Y así otra y otra y otra…

Mucho se ha hablado sobre el síndrome de abstinencia de la heroína, por ejemplo, que es muy escandaloso y tiene una sintomatología muy dolorosa (otro día hablaré de él), pero de ese no te mueres, sin embargo, el del alcohol es terrorífico y mortal. De hecho, junto con el de los barbitúricos y las benzodiacepinas (que tienen parecido mecanismo de acción en el sistema nervioso central), es el único síndrome de abstinencia que puede ser mortal en un elevado número de casos si no se trata como una urgencia médica, o, (ironías de la vida), si no se le da a la persona alcohol para que beba.

Ángela María Vélez Gómez
Psicología Sanitaria

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